Es la Semana Santa Olivense única por tener el sello de las más antiguas tradiciones.
El Domingo de Ramos el pueblo entero se llena de palmas para grandes y pequeños; lisas o enrolladas con ese olor de palma fresca que inunda las calles evocando un ambiente de secretos y tradición.
En las panaderías ya se pueden encargar y comprar las monas de Pascua: dulces representativos de nuestras raíces árabes que se comen con huevo duro, longaniza de pascua o chocolate.
El Viernes Santo se celebran las manifestaciones religiosas más populares. Antes del alba, miles de personas se concentran en la montaña de Santa Anna para asistir al “Vía Crucis”. Es el acto más antiguo y difundido de todas las celebraciones que se conocen.
Su largo y angosto recorrido se ve recompensado por la luz del sol saliente. Con las primeras luces del día, llegan las imágenes del Nazareno y la Dolorosa acompañados de los miembros de todas las cofradías. La andana del Nazareno es llevada a hombros por hombres descalzos precedidos por una cofradía de soldados romanos, son los “cabezas de hierro”. La Virgen de los Dolores va detrás cerrando el cortejo. La dulzura y el dolor se suman en el rostro de una preciosa imagen, logrando conmover a todos cuantos la acompañan.
La belleza de la aurora, el magnífico paisaje, las imágenes que se vislumbran, los cánticos y plegarias... Todo acompaña para provocar una emoción intensa entre los presentes.
Ya por la tarde, en la Iglesia de Sta. María la Mayor se celebra “el Desenclavamiento”, representación lírico-religiosa con origen en el siglo XVII.
Es este acto un drama litúrgico en el que Cristo es bajado de la cruz y liberado de su tortura mientras un coro nos va narrando la historia.
En otros tiempos era una representación muy difundida y eran muchas las poblaciones donde se celebraba. En la actualidad, Oliva es de los pocos pueblos de la Comunidad Valenciana donde todavía pervive esta tradición secular.
El Domingo de Resurrección se hace el encuentro de la Virgen María y su hijo en el paseo Juan Carlos I. Esta procesión tiene un carácter más informal, aunque no por ello menos solemne, en el que se lanzan golosinas por doquier.
Las fiestas se prolongan hasta el lunes siguiente, fiesta de San Vicente donde, si aún quedan energías, nos desplazaremos hasta la calle con el mismo nombre para asistir a una semana de toros, cenas y bailes con el mayor ambiente festero de la ciudad.
Y llegamos al fin de fiestas con una misa celebrada en la ermita de la calle San Vicente seguida de una gran “mascletà” que grabará en nosotros el deseo de que pase un año entero para poder volver a disfrutar otra vez de estas características fiestas populares.
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