La duna natural de Oliva, que bordea la costa, posee un alto valor ecológico, por ser una de las pocas que se conservan en tan buen estado, en esta zona del mediterráneo. Constituye un atractivo añadido a la estancia en la playa, al mejorar sensiblemente la calidad del paisaje mostrando toda la belleza de su aspecto original.
Existe una primera banda donde el oleaje y las mareas mojan la arena y van depositando, de manera natural restos orgánicos, que pueden ser aprovechados por algunas plantas que soportan la salinidad y forman sus propias colonias.
Entre la zona mojada por el oleaje y las dunas elevadas se forman las dunas iniciales al tropezar la arena arrastrada por el viento con cualquier obstáculo como conchas y piedrecitas.
En el interior se encuentra el cordón más elevado de dunas móviles, con una vegetación densa y bien estructurada que protege, a la propia duna y a los cultivos que se encuentran detrás, de los vientos marinos.
Este cordón dunar constituye una única alineación continua de acumulaciones de arena, que en algunos tramos llega a alcanzar una amplitud de 40 metros, con alturas máximas próximas a los 7 metros.
Estas dunas se forman gracias a los vientos transversales, cuando hay suficientes sedimentos en la playa seca para ser transportados y el factor clave para su evolución es la vegetación.
La duna de Oliva, poblada de una fauna y flora autóctona de gran belleza, une con delicadeza los fértiles naranjales y las playas de arena dorada y limpia.
La preduna y la duna forman un todo muy interesante para quienes buscan "un lugar apartado" para poder tomar el sol tranquilamente.
Sobre la duna existe un camino sobre el que se puede dar un paseo disfrutando, en todas direcciones, de vistas extraordinarias.
La duna, bordea la playa y se abre para dejar paso hacia el mar al río Bullent, pudiendo así alternar los baños de agua salada en el mar con los de agua dulce y la pesca en el río. |